Cuarto Cuento: El Ermitaño y el Gran Árbol
Un árbol que no se podía mover, regado y cuidado por un ermitaño, creciendo frondoso en un bosque lejano y obscuro, siendo ambos su única compañía. Hasta que ermitaño, por su edad, falleció junto al árbol…
El árbol, era ya grande y fuerte, el ermitaño se había asegurado de que el árbol creciera sano para que a través del tiempo sobreviviera sin problemas y fuera capaz de conseguir sus nutrientes de la tierra… Sin embargo se olvidó de algo, el árbol también era un ser vivo, se acostumbró a la compañía del ermitaño, y a pesar de la fuerza y los cuidados, sucumbió a la tristeza de ver morir a su compañero.
El árbol poco a poco se fue secando… y en pocos años, se convirtió en un tronco seco y hueco… y el alma del árbol, partió del mundo.
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- - Pobre árbol, murió de tristeza – dijo el espíritu con tono melancólico
- - Pobre árbol si, por dejarse morir de esa manera – dijo la madre naturaleza
- - ¿A qué te refieres? – pregunto el espíritu
- - El árbol era fuerte y capaz de sobrevivir, pero creo un lazo dependiente de las atenciones del ermitaño. Pobre ermitaño, su enorme amor y sus cuidados no fueron suficientes.
- - No lo entiendo – dijo el espíritu aun más confundido que antes.
- - Algún día lo harás
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