Existe en el universo una criatura que es asombrosa… el ave Fénix, un ave de plumaje carmesí y dorado y cuyas alas al vuelo se envuelven en llamas… Se dice que es un animal mítico y poderoso pues jamás muere, o más bien, tiene la capacidad de renacer…
Sin embargo, el origen del ave fénix se desconoce… se desconoce si realmente existe… pero esta es su historia…
Existió una vez hace miles de años una hermosa ave, con un noble corazón, existían muchas de su especie, pero esta tenía una peculiaridad, su canto alegraba el corazón del espíritu del fuego…
El espíritu del fuego, decidió entonces llevar consigo al ave, la encerró en una jaula hermosa, de cristal, gigantesca como una montaña, para que el ave pudiera cantar y ser feliz…
Sin embargo… el ave seguía encerrada… su sed de libertad se volvió su agonía… y entonces sucumbió en tristeza… y murió…
El espíritu del fuego, triste y sollozante… arrepentido de su deseo egoísta soplo su aliento en llamas sobre el cadáver del ave… convirtiéndolo en cenizas… y entonces le dio una nueva vida… de las cenizas de aquel cadáver resurgió un nuevo ser… un ave mas grande, color carmesí, con plumaje de fuego y ojos negros y brillantes…- Este es mi regalo en disculpa por lo cometido… - dijo el Espíritu del Fuego – jamás serás nuevamente la misma criatura… eres un nuevo ser… tu canto hará temblar cualquier criatura que te atormente… tu llanto curara cualquier malestar… y tu corazón lleno de nobleza se fortificará cada vez que mueras… hoy eres un ave frágil… morirás pronto… pero siempre renacerás de tus cenizas… acumulando sabiduría… fortificando tu alma… y con el tiempo… tu vida se hará más longeva… tu nombre es Fénix…
Y así fue como el Espíritu del fuego, realizo su primer creación… la mística ave fénix… única… eterna… pero… solitaria…
Se dice que el fénix ha vivido ya tanto tiempo, tantas vidas… que ha cobrado la capacidad de manifestarse en otras formas… como un disfraz que le permite seguir viviendo y pasar desapercibida… pero su canto sigue haciendo temblar… y su llanto sigue sanando almas… y su corazón… sigue siendo de fuego… eterno…
Mario Alberto Valenzuela Gómez
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