El Topo con Gafas

jueves, 4 de agosto de 2011
Había una vez un topo, su nombre era Toto. Toto era un topo feliz, vivía entre los túneles bajo la tierra, como todos los topos y ocasionalmente salía a la superficie por alimento. Como vivía bajo la tierra era un topo casi ciego, pero se movía ágilmente pues su naturaleza estaba acostumbrada a eso. Toto usaba unas grandes gafas para ayudar a su visión los días que salía de los túneles, pues la luz del día lo cegaba mas.

Uno de esos días que iba en busca de alimento, Toto salió a la superficie, caminaba con cautela siempre, pero ese día tropezó y sus gafas salieron volando, Toto gateaba tocando el piso buscando sus gafas, cuando las encontró y se las puso de nuevo se sorprendió.

Las Gafas de Toto habían caído justo donde nace el arcoíris, las gafas se llenaron de colores y cuando Toto se las puso vio una enorme gama de colores que jamás había conocido, podía ver perfectamente y veía el brillo de todas las cosas a su alrededor. Toto estaba asombrado, maravillado... Feliz.

Toto paso el día entero paseando por la superficie, admirando el color de los insectos, de las flores, incluso podía ver el color del viento. Al caer la noche Toto seguía maravillado, pues incluso la oscuridad se veía más hermosa con esas gafas, veía la luna, las estrellas, las criaturas de la noche y era feliz.

Pero, poco a poco veía menos, los colores estaban perdiendo su brillo y poco a poco iban desapareciendo. Las gafas estaban perdiendo el color del arcoíris. Entonces Toto decidió volver a casa.

Al regresar al túnel, fue con sus amigos a contarles lo que había visto, estaba tan feliz que necesitaba compartirlo. Muchos le dijeron que estaba loco, que inventaba cosas, que era imposible que eso hubiera pasado. Pero a Toto no le importaba, porque él sabía que era cierto.

Entonces PonPon uno de los demás topos, de sus mejores amigos, y que creía en él, le pregunto:

- Toto, yo creo en ti, pero, como puedes estar tan feliz después de haber visto todo eso y regresar aquí, al túnel, donde no ves nada más que oscuridad, yo estaría muy triste de ver lo que hay afuera y saber que no podre verlo de nuevo.
A lo que Toto respondió:

- Estoy feliz, por supuesto, pues en mi vida jamás pensé ver lo que vi, mi vida de topo en la oscuridad nunca me ha molestado, yo ya era feliz. Lo que vi hoy no fue más que un hermoso regalo que el arcoíris me brindo. Lo que paso no era algo que yo buscara, y no sé si volverá a pasar. Pero estoy feliz de que haya tenido la oportunidad de ver lo maravilloso que es el mundo… Soy un topo afortunado, ¿por que habría de estar triste?





Mario Alberto Valenzuela Gómez

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