Noveno Cuento: La Lluvia de una Noche de Verano…
Hubo una vez también, una mujer, desdichada y desafortunada, mal reconocida y poco valorada, talentosa, sí, pero las envidias que la rodeaban siempre la tenían enjaulada en un mundo de temor. Su talento se vio mermado y atrapado en las lenguas de sus críticos y desconfiando de sí misma deseó la muerte…
Una noche quiso ponerle fin a sus penas… decidida estaba la mujer y camino hacia el barranco… mientras subía la colina las nubes comenzaron a cubrir el cielo, el viento parecía furioso, más que de costumbre, pero sus pasos eran seguros y no se detenía… la lluvia comenzó a caer…
- - ¿A dónde vas? – se escuchó una vocecilla pequeña e infantil.
- - ¿Si a dónde vas? – repitieron muchas más.
La mujer extrañada, volteaba a su entorno y no veía persona alguna… comenzó a pensarse loca y aún más decidida siguió con su camino.
- - Ey! Responde – dijo otra de las vocecillas.
- - No tenemos mucho tiempo – dijeron más en coro.
- - ¿Quiénes son? – exclamó la mujer asustada de su propia locura – que quieren de mí, dejen de atormentarme.
- - No te atormentamos, te preguntamos, ¿por qué no respondes? – repitieron las voces.
- - Pues dejen de preguntar solo son creaciones de mi mente, no hay nadie aquí conmigo – se dijo a sí misma – estoy enloqueciendo.
- - Nadie!!! – exclamaron las voces – ¿nosotras somos nadie?
- - ¿¡Quienes son!? – pregunto la mujer asustada.
- Somos la lluvia tonta mujer, no tenemos mucho tiempo ¿sabes?, todas somos gotas de la misma lluvia, pero cada una que cae se vuelve una con la tierra, no nos queda mucho tiempo – respondió la lluvia.
- - ¿La lluvia? – dijo la mujer – Oh! Dios mío, es el fin, estoy loca, remotamente loca.
- -¿Loca? – dijo la lluvia.
- - Si loca de remate, la lluvia no habla, y yo escucho cosas, mi martirio es más grande, por eso he decidido ponerle fin y morir – respondió la mujer mortificada.
- - Escuchar a la lluvia es un don no es locura – proclamó la lluvia – loca estas si por tener un don decides morir ¡cobarde! – gritaron al unisonó las voces de la lluvia.
- - Un don, que don ni que nada, de que me sirve escuchar a la lluvia o usar mi talento si nadie es capaz de reconocerlo – dijo la mujer y comenzó a llorar su amargura y sus lágrimas se confundían con las gotas de la lluvia que ya corrían por sus mejillas y que empapaban su cabello y vestimenta.
- - ¿Nadie? – repitió la lluvia – ¿eres nadie? Tienes un don y un talento y tú lo sabes. Úsalo. ¡Cobarde y arrogante! – exclamó la lluvia – dices que no eres nadie porque no te admiran ni te reconocen y dices que estás loca por escuchar a la lluvia. No eres nadie porque crees no serlo, eso eres alguien que cree ser nadie…
La mujer guardo silencio un momento, tratando de asimilar lo que las vocecillas, melodiosas, tiernas, e infantiles, le acababan de decir… y sus lágrimas se detuvieron.
- - Yo soy alguien – se dijo la mujer – es verdad, me gusta lo que hago, amo lo que creo. Escuchar a la lluvia sigue siendo una locura, pero… la lluvia tiene razón!!!
- - Adiós mujer, el tiempo se nos acabó, somos las últimas. No mueras y se feliz… eres alguien… Adioooos – y con una última voz lejana, la lluvia se despidió.
La mujer, empapada de lluvia, y secando su rostro con sus manos, dio media vuelta y se dirigió a casa. Algo había cambiado en ella, estaba tranquila y se sentía tan fuerte. Al llegar a su casa y sin siquiera cambiarse de ropa, la mujer usando su talento y su confianza escribió para sí misma un cuento… titulado “La lluvia de una noche de verano”…
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- - Vaya que son raros los seres humanos – hablo el espíritu – es una mujer sana, tiene un don, es talentosa y aun así quería terminar con su vida.
- - ¿A qué crees que se deba? – le pregunto la naturaleza.
- - Quizás necesita el reconocimiento, aunque me parece algo torpe, y a la vez muy lógico, es decir, ella puede estar segura de su virtud, y de que lo que hace es bueno, pero, si todo en tu entorno te dice lo contrario, ¿no haría eso que dudaras?
- - Muy bien pequeño espíritu, me alegra darme cuenta que comienzas a entender antes de juzgar, y es en buen momento pues ha llegado tu hora.
- - ¿Cumplir mi misión?
- - Así es, has aprendido bastante, y aun te queda mucho más por aprender, así que ha llegado el momento. Te daré forma humana y te hare olvidar tu origen, vivirás como humano entre los humanos, y en el fondo de tu ser existirá el conocimiento que has aprendido que se complementará con lo que vivirás en ese mundo y del cual aprenderás aún más. Ve pues pequeño espíritu pues tu labor es ardua, llevará tiempo y quizás más de una vida… pero lo conseguirás… porque naciste para ello… pequeño espíritu… ve… vive…
Y sin más palabras con un movimiento del viento el espíritu que sana corazones… comenzó con su misión…
Vivir…
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