Nasif

lunes, 10 de octubre de 2011
 
Y ahí estaba yo, de nuevo en uno de esos lugares que uno nunca imagina poder estar cuando no hay nadie para mirarlo, entrando a la gran edificación arquitectónica, cruzando el umbral del auditorio vacío y oscuro y mirando de pie desde la primer fila la única luz alumbrando el piano de cola donde se encontraba Nasif, sentado en el banquillo.

Me gusta creer en el destino, y en ese momento, al verlo ahí, recordé como las circunstancias me habían llevado a ese momento exacto. Parecía imposible que la misma persona con la que hable por primera vez unos meses atrás en una fiesta, cuyo aroma a mota me había atraído como hoguera que atrae al bicho… ahora estuviera ahí… en tan inmensa habitación a solas… o más bien, a solas con mi compañía.

Yo seguía de pie, pasmado por lo distinto que se ve un lugar tan grande cuando esta vacío, no soy muy afecto a los lugares concurridos así que, tengo esa tendencia a entrar y salir prácticamente corriendo porque el tumulto me pone de mal humor, pero estando en ese lugar sin gente, pude mirar esos detalles, los rojos de las cortinas de terciopelo, tan largas como no había siquiera imaginado, multiplicando inevitablemente el largo por el ancho del número de butacas como quien no sabe qué hacer en seméjate silencio e inmensidad…

- ¿Qué haces? Ven para acá – escucho la voz de Nasif que me saca de este estupor mágico provocado por ese suceso inesperado, digo no es que nadie pueda entrar al auditorio cuando está solo, pero simplemente no es algo que muchos planearan hacer o tuvieran siquiera en mente. 

Comienzo a caminar dirigiéndome al escenario, es increíble la acústica del lugar, mis pasos resuenan en un eco impresionante.

- Apresúrate – Me dice de nuevo la voz de Nasif y lo miro y me sonrió y apresuro el paso olvidándome de lo demás. Subo la escalerilla lateral que dirige al escenario del lado izquierdo mirando al frente, llegando por el lado que le da la espalda a Nasif. El voltea el cuerpo para sentarse a la inversa y mirarme y burlarse de mí sin remedio.

- Tú y tus cosas mágicas, anda ya ven – me dice de nuevo mientras esboza una sonrisa acompañada de una discreta risa burlona. Yo lo miro y comienzo a reír, con esa risa estúpida y nerviosa que me da cuando algo me parece asombroso e irreal, cuando inevitablemente pienso “Nadie jamás me lo creería”. Mi cabeza da mil vueltas en mil cosas en esos breves pasos que me separan del banquillo y Nasif solo se ríe, ahí, con esa perfecta dentadura y esos ojos negros brillantes, ese sentado desgarbado y su peinado de pelos crespos y bañados de gel para mantenerlos en su sitio… siempre se ve tan bien… aunque no huela a mota, es tan delgado, su cara es alargada y sus brazos son largos y delgados, su nariz me gusta, pero no es bonita, tiene el tabique desviado por una de esas riñas donde se le ha ocurrido meterse por mera diversión y es un llorón cuando se le habla de una intervención quirúrgica… vaya muchas cosas pienso en esos breves pasos.

- Ven acá!!!! – Nasif se levanta del banquillo riéndose y me toma por los hombros empujándome apresurando mi paso y sentándome en el banquillo mientras yo no paro de reír estúpidamente, que jodidamente bien huele hoy - siéntate.

Y ahí estamos, solos en la inmensidad del auditorio, con una tenue luz iluminando el escenario solamente… si alguien mas estuviera por ahí, en la luna, o el anfiteatro o en alguno de los palcos, seria completamente imperceptible para mi vista.

- Te tomaste muy enserio lo de darme un concertó eh!? – le digo con una sonrisa realmente incontenible y un temblor en la voz inevitable.

- Hahahaha!!! Maso menos, pon tus dedos en las que tienen el número uno, dos, tres y cuatro – me dice mientras lo miro a los ojos y el intenta indicarme con la mirada donde están. Las teclas del piano tienen números y no lo había notado yo estoy a la izquierda y Nasif a mi lado y hago como me dijo usando la mano izquierda, los dedos pulgar,  anular, meñique e índice para las cuatro  notas con las que comienzo a jugar. El sonido es increíble, la resonancia, el eco, la acústica, el auditorio… Nasif.

Y entonces comienza a tocar lento y lo sigo lento, siguiendo sus indicaciones, escuchando notas aisladas que poco a poco se conjuntan en una tonada, me suena la melodía… ¿Cuál es?

- oka, mantén ese ritmo cuando yo presione esta nota ok? Veamos… - me dice Nasif y comienza a tocar… 

Antes de llegar a la parte donde intervengo la cabeza me da vueltas… la tonada… cual es… cual es…
Llega mi turno y comienzo el ir y venir de dos notas y luego otras dos y luego las anteriores y Nasif se encarga de lo demás… y la cabeza me da vueltas… y el eco de las notas y la acústica…Comptine d'un autre été.

Y la cabeza me da vueltas y entonces una lágrima se me escapa al recordar el nombre, la tonada, la película… el pasado… Comptine d'un autre été…

Y Nasif no se detiene y no me deja detenerme y la melodía continua… es increíblemente mágico es, nostálgico y alegre y ese maldito recuerdo no me permite disfrutarlo, desearía borrarlo y mi mente divaga en maldiciones por recordarlo… la tonada sigue y poco a poco se disuelve el recuerdo del pasado en el presente… y vuelvo ahí, al banquillo, junto a Nasif y sonrió y lo miro sonriéndome, la hemos tocado tres veces como si fuera infinita… y toca las dos notas que le dan final al ciclo…

- Gracias – le digo y se me escapa un suspiro como el que da un corredor de maratón al por fin tener un descanso – fue increíble.

- Ya sé, sabía que te gustaba la peli así que supuse que sería la indicada, ahí te va otra – me dice y se truena los dedos, y yo recuerdo aquel mito sobre la artritis prematura en la gente que se truena los dedos… menos mal que Nasif no es pianista, pienso y entonces me rio de mí mismo en mis pensamientos absurdos en un momento como ese, será que nunca le puedo poner freno a mi cabeza… bah qué más da. Nasif toca maravillosamente…

Después de todo… al fin me doy cuenta que… también pueden hacer magia para mi…

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