Tobías (fragmento)

sábado, 1 de octubre de 2011

El mundo es un lugar misterioso, o quizás más bien es que estamos tan cegados por la “realidad” que no logramos percibir cosas que están cada día en nuestro entorno, detalles con los que vivimos cada día, cada momento, en cada latido o exhalación. Siempre me gustaron las historias de fantasmas y extraterrestres, de cosas sobrenaturales; telequinesis, abducciones, telepatía. Todas esas cosas me llamaban la atención pero siempre tenía claro que aquello no era más que historias de mentes creativas, cosas mágicas que no podían ser reales, es decir, quien podría siquiera pensar que realmente existe algo que no puedes ver.

Después de mi muerte, pude ver todo aquello que nadie más veía y que estaba sobre nosotros todo el tiempo y entonces comprendí que cualquier cosa que se haya podido imaginar existe en la realidad auténtica, y no en lo que vemos o solemos definir como “realidad”.
Al principio pensé que algo andaba mal con mis ojos o con mi cabeza, pero en teoría estaba físicamente perfecto, no había ningún tumor, ninguna secuela trascendental ni siquiera tenía miopía, simplemente, después de morir, abrí los ojos. Es extraño tratar de explicar algo que ni tú mismo alcanzas a entender del todo, pero es como si hubiera una pequeña membrana cubriendo el ojo, un filtro o algo así, que nos impide verlo todo. Imagino que al morir perdí esa membrana y entonces pude ver todo aquello que no existía, y me dio miedo.

Todos los días convivimos con gente, caminamos por lugares, vemos el cielo, los árboles y todo pareciera inerte, como si no se moviera de su lugar. Es decir claro que hay cambios perceptibles, mover una mesa, mover los labios, el paso de las estaciones, pero llega un punto en el que esos cambios se vuelven rutinarios y pasan desapercibidos, así que pareciera simplemente no moverse. Pues no es así. El mundo entero está en constante movimiento, en interacción, en transformación. Todos los seres, humanos y no humanos, tienen una luz, una especie de aura que los rodea en una gama de colores infinitos que dependen de algo que aún no alcanzo a descubrir.
Al principio creí que se trataba de estados de ánimo o algo así, pero la realidad es que no es eso. Tratare de explicarme más con un ejemplo…

Hay una chica en mi clase, es muy callada, y triste, la he visto llorar a solas en un rincón del jardín de la escuela. Pocas veces se le ve convivir con los demás y si esa luz que emana de nosotros dependiera del ánimo imagino esa luz gris en ella, o azul como si fuera triste y muy tenue. Sin embargo no es así, su luz es dorada y muy radiante es cálida y siempre está rodeada de más de uno de esos seres mágicos que también existen.

Ah claro, debo mencionar eso también, además de esa aura luminosa en las personas, existen seres que nos rodean todo el tiempo, no me atrevería a ponerles nombre pero con el fin de dar una imagen podría decir que se tratan de hadas y diablillos, duendes, luciérnagas, ángeles, no lo sé, pero los hay de distintas formas y tamaños. La chica de la que les hablo siempre está rodeada de ellos, más de uno siempre, como si esa luz dorada atrajera a las criaturas por su calidez.

Esa luz que irradiamos es distinta en cada uno, en color, tamaño y forma, ah y cabe aclarar que me ha sido imposible percibir la mía, así que me imagino que es algo así como el aroma de cada uno. Convivimos con ello toda nuestra vida así que se vuelve imperceptible para nuestros propios sentidos y quizás alguien pueda describirnos nuestro aroma pero seremos incapaces de reconocerlo nosotros mismos. Algo así pasa con la luz, pero claro, al ser yo el único que conozco con la capacidad de ver esa luz, me es imposible pedirle a alguien más que la describa para mí. 

El mundo es completamente raro e ilógico, una vez que pude ver todo aquello me di cuenta que nada en realidad tiene sentido, no existen razones lógicas o específicas que puedan delimitar o determinar los objetos o a las personas, no hay un factor común perceptible para que un grupo de personas tenga un tono particular de luz o para que los arboles del mismo bosque sean completamente distintos… No se trata de tamaño, peso, tono de piel, estado de ánimo, vejez o nada. Hasta este momento no he podido encontrar una característica que pueda definir el color de cada quien o por qué tal color cambia con el tiempo. El mundo es un lugar incomprensible y todas las teorías científicas, filosóficas y religiosas perdieron completamente el sentido cuando esa membrana se cayó de mis ojos.

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