Es curioso lo divagante que es mi cerebro… ideas concretas me llevan a pensamientos dispersos y lo uno lleva a lo otro perdiéndome en un universo vago de pequeños detalles entrelazados que terminan en el mismo sitio…
Estaba redactando algo sobre las analogías y las metáforas cuando entonces… bueno no importa, el caso es que mientras redactaba aquello noté inevitablemente la cantidad de tildes que omito y la absurda manía de presionar siempre F7 al final de la redacción (la tecla del corrector ortográfico de Word, para los que no lo sepan).
Vaya, no es que no sepa usar el teclado o que no conozca las reglas de acentuación, que va si me las he estudiado re bien (mas últimamente), tampoco es que no lo haya aprendido, es simplemente que estoy demasiado acostumbrado al corrector automático. Y así fue como descubrí un buen ejemplo de metáfora...
¿Y cuál fue?
Pues ahí está, clarísimo… de las Analogía, pasando por la metáfora, siguiendo con las reglas gramaticales y ortográficas, llegando a la filosofía de vida y volviendo al inicio…Vivimos todos los días, y aprendemos algo, lo entendemos, sabemos usarlo, pero a veces estamos demasiado acostumbrados a hacer las cosas de forma distinta. En mi caso, es como las reglas de acentuación; no es que no sepa usarlas, ni que no las haya aprendido, simplemente estoy mal acostumbrado al corrector de Word.
Así es la vida, una serie de experiencias de las que hemos aprendido a través del tiempo, que conocemos, que sabemos usar, pero que a veces no aplicamos porque nos acostumbramos a usar el F7 (sip, esta es la metáfora).
Debo comenzar a aplicar la tilde y usar menos el corrector ortográfico de Word…
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