"El Lugar más Verde"

lunes, 22 de agosto de 2011
  La semana pasada fui al cine, quede con unos amigos a las 5:30 de la tarde, yo llegue al lugar media hora antes y decidí irme a la alameda, sentarme un rato y leer.

 Me senté bajo un árbol, el primero que me pareció cómodo, abrí la mochila, saque el libro ("La voz del Diablo" de Ane Rice) y me dispuse a leer. Poco tiempo paso cuando note algo extraño, la brisa era fresca y soplaba suavemente y entonces mire alrededor, pero nada de ello era extraño, ni la brisa, ni la gente, y entonces mire el árbol… y lo recordé…

“El lugar más verde de la alameda”

No recuerdo cuanto hace de ello, ni recuerdo si yo ya estaba enamorado, pero recordé aquella vez, hace un tiempo atrás, cuando me senté bajo el mismo árbol a leer, no recuerdo que leía, pero recuerdo la misma brisa, en el mismo paisaje, aunque menos verde. Y ahí estabas, en el espacio que se forma entre las ramas, sobre el árbol, mirándome, y aventándome cositas para molestarme o llamar mi atención, gire la cabeza para mirar y te encontré, sonreíste y sonreí… y reíste… recordé el sonido de tu risa discreta y tu sonrisa y tu mirada… y entonces…

… Aquel no era el lugar más verde… pero mis recuerdos se alojaron ahí.

… por primera vez, en no sé cuánto tiempo… realmente… te extrañé.

Sobre la Tristeza


Hace un par de meses, en una de esas pláticas que tuve con Toby cuando recién nos conocíamos, estábamos hablando sobre los gustos, los hobbies y bueno esas cosas que uno usa para ir haciendo conversación, y claro no pudo faltar la clásica pregunta: “¿Y a ti que tipo de películas te gustan?”, la respuesta de Toby fue algo así como “Pues de todo, aunque me gustan mas las películas poco conocidas, pero puedo ver acción, fantasía, ciencia ficción, no tengo un gusto en particular, pero eso sí, los dramas no me gustan” (quizás la respuesta vario un poco, digo no soy grabadora pa´ recordarlo todo literal xP). Yo me sonreí y le dije que me aprecia curioso, iguala  mí me gustaba de todo, pero también los dramas, Toby me dijo que le parecía absurdo el ver una película para pasársela triste, que no le veía sentido si lo que uno buscaba era entretenerse y claro, tiene razón.

Sin embargo eso me dejo pensando en el ¿por qué a mí me gustan las pelis de drama?, bueno no digo que sean mis favoritas pero si me gustan. Y entonces respondí lo siguiente. Prefiero sentir la tristeza al reflejarme viendo una película que sentirla en la vida diaria. Y bueno vino también el dialogo sobre el equilibrio y que las emociones son complementarias, que no podríamos disfrutar la felicidad si no conociéramos el matiz de la tristeza, y etcéteras.
El caso es que, estos últimos días, he sentido tristeza y me surgió la pregunta “¿por qué?”. Bien, mi vida no es perfecta, pero nunca lo ha sido y aun así a veces estoy eufórico de risa y otras veces ahogado en melancolía, pero ¿por qué? ¿Cuál es la raíz de la tristeza?

Pues cavilando en ello, y analizándome, filosofando, entendí algo (que quizás para muchos sea claro, pero yo recién lo descubrí). La tristeza es la emoción de la carencia.

¿Que nos pone tristes? La pérdida de un ser querido, el desamor, la soledad, la pobreza, la autocompasión. Carencia, carencia de alguien o de algo. Nos sentimos tristes por la ausencia de u deseo que no tenemos, o de un recuerdo que se ha ido, o por un final trágico, o por la falta de una oportunidad. La tristeza es la emoción que resulta de eso, añoranza.

Pues bien, una vez que “descubrí” que era la tristeza, me puse a analizar ¿qué me falta? Y una vez que lo encontré pude plantearme las posibilidades que están a mi alcance para llenar esa carencia (evidentemente no les contare que me respondí jajaja).

Bueno, esa es la utilidad de la tristeza, descubrir una carencia y encontrar la manera de satisfacerla o en su defecto, superarla, porque no siempre se puede alcanzar lo que se desea (a modo de ejemplo supongamos que un familiar cercano ha fallecido, y tu tristeza se basa en la ausencia de una persona que obviamente no puede regresar, esa carencia no puede ser llenada, pero si superada con la aceptación).

Hoy sigo triste, pero al menos se la razón de mi tristeza y sé que alternativas tengo para cambiarla… ya quedará en mis manos la decisión de qué hacer con ello…

Bueno, en fin, solo quería compartir este pensamiento, gracias al que me lea y un gran saludo =)

Croquetas de Queso

viernes, 5 de agosto de 2011

Me enamoré de un conejo
Con corazón de espinaca…
Con ojitos de garbanzo…
Y bigotes de tomate…
Me enamoré de un conejo…
Con nariz de zanahoria
Con mirada embobada…
Y con aroma a almendra…
Me enamoré de un conejo
Al que le gusta la ensalada,
El batido de banana y
las croquetas de queso…
Me enamoré de un conejo…
Me enamoré de un conejo…
Me enamoré de un conejo…
Y no se donde está…
Y lo extraño…

Mario Alberto Valenzuela Gómez

Canciones

jueves, 4 de agosto de 2011
La música me gusta, siempre ha sido así, aunque tiendo más a disfrutar los temas instrumentales. Incluso en las canciones con letras, prestaba más atención al sonido de los instrumentos que a la letra. El sonido dela batería en “This Picture” de Placebo, me fascina, la música de Yan Tiersen me viaja, el violín, el piano, los sonidos electrónicos, todo eso me hace imaginar tantas cosas.

Sin embargo he de reconocer que me enamore una vez y por fin comprendí el significado más allá de los sonidos en una canción, las letras cobran forma y se convierten en un cuento que narra con armonía un fragmento de una vida. Sin duda alguna una experiencia del autor de la letra o de alguien cercano. Y entonces aprendí a perderme en esas historias buscando la mía, y encontré tantas letras que me recuerdan tantos fragmentos de mis propias emociones. No sé si sea algo que le pase a todos, pero creo que a muchos si. La razón por la que una canción nos llega a gustar más que otra es meramente por que el contenido de esta nos recuerda algo, un amor, un sueño, un deseo, felicidad, nostalgia, miedo.

Me gusta la música, sin duda… pero me enamoran las canciones y sus historias.

El Topo con Gafas

Había una vez un topo, su nombre era Toto. Toto era un topo feliz, vivía entre los túneles bajo la tierra, como todos los topos y ocasionalmente salía a la superficie por alimento. Como vivía bajo la tierra era un topo casi ciego, pero se movía ágilmente pues su naturaleza estaba acostumbrada a eso. Toto usaba unas grandes gafas para ayudar a su visión los días que salía de los túneles, pues la luz del día lo cegaba mas.

Uno de esos días que iba en busca de alimento, Toto salió a la superficie, caminaba con cautela siempre, pero ese día tropezó y sus gafas salieron volando, Toto gateaba tocando el piso buscando sus gafas, cuando las encontró y se las puso de nuevo se sorprendió.

Las Gafas de Toto habían caído justo donde nace el arcoíris, las gafas se llenaron de colores y cuando Toto se las puso vio una enorme gama de colores que jamás había conocido, podía ver perfectamente y veía el brillo de todas las cosas a su alrededor. Toto estaba asombrado, maravillado... Feliz.

Toto paso el día entero paseando por la superficie, admirando el color de los insectos, de las flores, incluso podía ver el color del viento. Al caer la noche Toto seguía maravillado, pues incluso la oscuridad se veía más hermosa con esas gafas, veía la luna, las estrellas, las criaturas de la noche y era feliz.

Pero, poco a poco veía menos, los colores estaban perdiendo su brillo y poco a poco iban desapareciendo. Las gafas estaban perdiendo el color del arcoíris. Entonces Toto decidió volver a casa.

Al regresar al túnel, fue con sus amigos a contarles lo que había visto, estaba tan feliz que necesitaba compartirlo. Muchos le dijeron que estaba loco, que inventaba cosas, que era imposible que eso hubiera pasado. Pero a Toto no le importaba, porque él sabía que era cierto.

Entonces PonPon uno de los demás topos, de sus mejores amigos, y que creía en él, le pregunto:

- Toto, yo creo en ti, pero, como puedes estar tan feliz después de haber visto todo eso y regresar aquí, al túnel, donde no ves nada más que oscuridad, yo estaría muy triste de ver lo que hay afuera y saber que no podre verlo de nuevo.
A lo que Toto respondió:

- Estoy feliz, por supuesto, pues en mi vida jamás pensé ver lo que vi, mi vida de topo en la oscuridad nunca me ha molestado, yo ya era feliz. Lo que vi hoy no fue más que un hermoso regalo que el arcoíris me brindo. Lo que paso no era algo que yo buscara, y no sé si volverá a pasar. Pero estoy feliz de que haya tenido la oportunidad de ver lo maravilloso que es el mundo… Soy un topo afortunado, ¿por que habría de estar triste?





Mario Alberto Valenzuela Gómez